Cuidar a otro supone, por definición, poner las necesidades del otro por delante.
Pero cuando ese cuidado se prolonga en el tiempo y sin recursos adecuados,
acarrea lo que estudios identifican como “sobrecarga del cuidador” o incluso el
llamado “síndrome del cuidador quemado” o “síndrome de burnout”.
Para evitar este desgaste podemos apoyar con los siguientes tips que ayudan a
que esto no se produzca:
Autoconocimiento y reconocimiento de señales de agotamiento
Antes de poder actuar, es indispensable que el cuidador identifique sus propias
necesidades.
Establecer límites saludables
Una de las piezas clave es aprender a decir “no”.
Cuidar la salud física y mental
El cuidado de otro no puede ir en detrimento de tu salud. Así, es importante:
Dormir lo suficiente, tener una alimentación equilibrada, realizar ejercicio físico
moderado.
Incorporar técnicas de relajación, respiración consciente, mindfulness, yoga
Apoyo social y redes de relevo
No estás solo en el rol de cuidador.
Formación, información y adaptación
Conocer la enfermedad o condición de la persona cuidada ayuda a manejar
expectativas, evitar frustraciones y afrontar los cambios con mayor serenidad.
Tiempo para uno mismo y actividades que nutran
El cuidador también necesita tener espacios que le pertenezcan.
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